Deudas sociales: jóvenes que no estudian ni trabajan

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Según los datos de algunos especialistas, rondan los 900 mil en todo el país. Cuáles son las causas. Cómo impacta la situación en los distintos sectores sociales. Qué se puede hacer para su inclusión social. La mirada de Silvia Feitelevich, de la Asociación Psicoanalítica Argentina; del sacerdote Jorge García Cuerva; y del ex ministro de Desarollo Social bonaerense Daniel Arroyo. Un fenómeno muy complejo que requiere un trabajo multidisciplinario. (Infocívica)


"¿Vos cuántos hermanos tenés", pregunta el padre Jorge García Cuerva a uno de los chicos que se acercan a al capilla para comer. "A ver.. 19", contesta, después de repasarlos mentalmente, uno de los jóvenes del Barrio El Talar de Tigre. Es uno de los 500 mil jóvenes que no estudian ni trabajan en la provincia de Buenos Aires, cuenta García Cuerva.

Según datos que maneja el ex ministro de Desarrollo Social bonaerense durante la gestión de Daniel Scioli y actual Presidente de Poder Ciudadano, Daniel Arroyo, en la Argentina hay 900 mil jóvenes entre los 16 y 24 años que no estudian ni trabajan. "No pueden vincularse al mundo laboral por problemas de método, por no ir a la escuela. No pueden sostener el ritmo laboral, y no conocen la cultural del trabajo. Ese desinterés los hace caer muchas veces en la droga, porque en la esquina encuentran un lugar de pertenencia", analiza Arroyo.

La psicoanalista Silvia Feitelevich, opina que "hay chicos que no estudian ni trabajan y no necesariamente caen en la droga. Muchos sí. En las clases bajas consumen paco, y en las clases medias existen problemas de adicción con la marihuana, no un consumo social". La especialista explica que también hay muchos jóvenes de clases económicamente pudientes que no estudian ni trabajan: "Chicos que, por distintos motivos, abandonan sus estudios, a veces en los últimos años del colegio. Como el secundario es una condición laboral básica y hay jóvenes calificados aspirando a los mismos puestos, les resulta casi imposible llegar al primer empleo".

Arroyo cree que este flagelo tiene varias causas: el proceso de desindustrialización de los noventa, la Ley Federal de Educación que perjudicó a las escuelas técnicas, la flexibilización laboral, y el bajo valor social que tiene la educación.

Feitelevich coincide: "La escuela está bastante devaluada, no van a estudiar o a ganar un atributo. Hoy los valores que más venden son la belleza y la fama. La promesa actual sobre el futuro es efímera. Los jóvenes buscan un entretenimiento sin fin, para pasar el tiempo, por ejemplo en las redes sociales, pero no las utilizan en general para pensar".

Este consumo compulsivo genera aplastamiento psicológico, familiar y social. En este aplastamiento encuentra Feitelevich la razón por la cual estos menores se alejan de la vida laboral y educativa. Y asegura: "No existe una linealidad entre el consumo de drogas y el aplastamiento del deseo y voluntad de los adolescentes.

"Los chicos vienen a la capilla, básicamente, porque tienen hambre", comenta García Cuerva. "Hacen algo de deportes, pero no les da el físico. No van a la escuela porque no encuentran incentivos, y no trabajan porque no saben hacer nada, ¿quién los va a tomar, si muchos de ellos tienen causas judiciales?". Las causas son principalmente por robo o por venta de drogas. Porque además de consumir, muchos ingresan en el circuito de la venta, para contar con dinero para volver a consumir.

"Algunos tienen la fantasía de que si trabajan les va a cambiar la vida, pero no es verdad. La plata que pueden ganar la gastan para seguir consumiendo", describe García Cuerva, quien cree que la falta de cultura del esfuerzo y el trabajo les fue heredada por sus familias. "Son grupos familiares con 11 o 14 hermanos, con una figura paterna muy ausente, y las madres hacen lo que pueden", cuenta. "Además, son pobres, y en estos barrios la inflación es un cuadro brutal", dice el Padre, que vive a unas cuadras de la Capilla.

Para tratar de mejorar este impactante cuadro social, Daniel Arroyo propone crear una red de 20 mil tutores conformados por curas, maestros, pastores y cualquier referente de los barrios. "Sería ideal tener un tutor cada diez chicos, que los ayuden a insertarse en la escuela y el trabajo". Arroyo también cree que el sector privado puede contribuir, a través de políticas de incentivos fiscales para las empresas que apunten a actuar sobre esta población, y con un sistema de becas en escuelas vinculadas al sector productivo.

Feitelevich señala que este fenómeno está también influenciado por la cantidad de familias disfuncionales en las cuales funcionan los dos extremos en el cuidado de los hijos: el descuido, y la híper exigencia en la educación. "Por un lado, la escuela está devaluada y los maestros desmotivados, pero también hay familias que sobreexigen a sus hijos, y esto también los aplasta y desincentiva. Las familias disfuncionales y la violencia doméstica atraviesan a todas las clases sociales".

El panorama para García Cuerva es desolador. "Se los incentiva a consumir cosas materiales y acá no tienen con qué. Por eso roban. Se sienten excluidos y es muy difícil que salgan del barrio", comenta. También propone el trabajo de campo con estas comunidades a través de equipos multidisciplinarios, conformados por psicólogos, operadores de adicciones y trabajadores sociales. El religioso convive con chicos consumidos por distintos tipos de droga, y se opone a la despenalización. "No existe un control sobre el consumo de sustancias y no existe un sistema de salud que contenga a los adictos. El sistema judicial por lo menos les sirve como un límite. Mirá, acá vez que la Iglesia no los criminaliza, y tampoco los deja a la deriva".

Feitelevich apuesta al trabajo de las ong, clubes de barrio, asociaciones de padres, y aquellos lugares que los puedan acercar a conformar un espacio de interés e interacción con las familias. Y llama a revalorizar la cultura del esfuerzo: "No cualquiera es Messi. Hay que enseñarles que todo se consigue con esfuerzo y trabajo". Además, afirma que entre las estrategias para bajar la deserción están las actividades de tutoría junto con la orientación escolar y vocacional, "para que puedan desarrollar sus própios métodos de estudio y para darle un lugar a las vocaciones y a las expectativas de futuro".


Link: Infocívica
Por Christian Veronelli
Fecha: 19-09-2012
Contacto: Parroquia Santa Clara de Asís, Lavalleja 3064. Barrio Alte. Brown. 4512-9441.

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