Isidoro Graiver, ex dueño de Papel Prensa: “Éramos un grupo fuerte”

martes, 5 de junio de 2012

El ex dueño de Papel Prensa relacionó su detención clandestina con los “escozores” que la actividad política, gremial y empresarial de su hermano David le habían provocado a “miembros como los Martínez de Hoz”. Las diferencias con él y su espsoa Lidia Papaleo en los criterios de conducción empresarial. También declaró Jorge Gilbert y los hermanos Iaccarino.

 
Según la información que difundiera la APDH La Plata, la audiencia de ayer comprendió la declaración de Isidoro Graiver, hermano de David Graiver, quien relató las circunstancias de su secuestro, ocurrido el 17 de marzo de 1977 en la casa de su madre. En el operativo participaron civiles, que operaron bajo el mando del represor Norberto Cozzani, uno de los imputados en la causa, a quien el testigo pudo identificar en aquel momento como “el que llevaba la voz cantante”.
 
Graiver fue trasladado de inmediato a lo que años después supo que se trató del centro clandestino conocido como “Puesto Vasco”, donde había compartido cautiverio con su padre Juan Graiver -detenido días antes, el 7 de marzo- y su cuñada, Lidia Papaleo de Graiver. Entre otros compañeros, mencionó también a Francisco Fernández Bernardez y a Jorge Rubintein, quien se había desempeñado como “colaborador directo” en las actividades empresariales de hermano David Graiver.
 
En este sentido, el testigo contó que en plena dictadura la familia había sido la dueña de EGASA (Empresas Graiver Asociada Sociedad Anónima), entre las que estaba incluida Papel Prensa. “La sociedad comercial con mi hermano se termina en el ’75 y me reincorporo cuando él fallece en un accidente aéreo en México, en agosto del ‘76”, afirmó Graiver, aludiendo a las diferencias que mantenían respecto al manejo de las empresas. “No sabíamos que la actividad política, gremial y empresarial (de David) había provocado escozores a miembros como los Martínez de Hoz”, precisó. Y agregó: “Éramos muy atractivos como víctimas, porque económicamente, más allá de los problemas financieros, éramos un grupo fuerte”.
 
En Puesto Vasco, Graiver fue torturado con picana eléctrica y sometido a interrogatorios, al igual que el resto de los detenidos, aunque manifestó que con él no habían tenido ninguna saña en particular. También refirió a la vez en que junto a su cuñada fueron retirados del calabozo y llevados a una habitación, donde mantuvieron un encuentro con el ex jefe de la Policía Bonaerense, Ramón  Camps, que estaba con un civil que colaboraba con el gobierno de Ibérico Saint Jean y que después fue ministro de justicia de la Nación: Arturo Rodríguez Varela.
 
Un párrafo aparte merece la mención a Jorge Rubintein, cuyo cadáver, según el testigo, habría sido visto por Fernández Bernardez, quien a través de la mirilla de la celda espió cómo lo arrastraban, luego de una sesión de tortura. “A él (Rubintein) lo habían operado del corazón, debía estar medicado, pero no le daban las pastillas; no estaba en condiciones de recibir un sesión de tortura más, nos había dicho en el calabozo”, recordó. Y al mismo tiempo, relativizó: “No descarto el fallecimiento de Rubinstein, tal vez se les fue de las manos”.
 
En cuanto a Cozzani y a quienes comandaban las fuerzas, Graiver dijo que “seguro recibían órdenes de superiores, no creo que hayan sido los que inventaron ese sistema ni los que marcaban las pautas de lo que debía hacerse, imagino que les daban instrucciones y que tenían que cumplirlas”.
 
El testigo recordó durante los primeros días de abril de 1977 había sido trasladado al Pozo de Banfield y a la alcaidía del Departamento de Policía en Capital Federal, donde compartió cautiverio con el dueño del diario La Opinión Jacobo Timerman, quien le contó que había pasado por Puesto Vasco.
 
En otro orden de cosas, Graiver se remontó a los días previos a su secuestro, cuando su padre y su cuñada habían sido capturados y pidió ayuda a Francisco Manrique, el ex ministro de Bienestar Social de Pedro Eugenio Aramburu, quien al día siguiente lo llevó a hablar con segundo integrante de la junta militar de aquel entonces, el ex represor Roberto Viola.  “Le conté todo y me puse a su entera disposición”, admitió.
 
Tras relatar su puesta a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, el testigo fue tajante en relación a las condiciones de cautiverio: “No era que estábamos agonizando ni nada por el estilo, estábamos un poco pálidos, desmejorados”.
 
Por último, Graiver subrayó la “excelente relación” que mantuvo con su hermano David, aun después del alejamiento de la empresa, por tener “distintos criterios de conducción”. “Mi cuñada no tenía ninguna experiencia, comercialmente hablando. Era difícil, pero lo fuimos llevando. Yo colaboraba, no conducía”, concluyó, dejando entrever que la responsabilidad absoluta sobre las empresas era de Lidia Papaleo de Graiver.
 
Quien se sintió morir
 
Jorge Orlando Gilbert, por su parte, compareció ante los jueces Carlos Rozanski, Claudio Falcone y Mario Portela para contar el cautiverio que vivió desde el 30 de agosto de 1977,  junto a su compañera de estudio Liliana Zambano, quien vivía enfrente a la Comisaría 9º. "Con ella habíamos rendido a la mañana una materia en la facultad (de Humanidades) y por la noche íbamos a festejar", recordó.
 
Gilbert y Zambone habrían sido llevados al centro clandestino que funcionó en la Brigada de Investigaciones de La Plata, junto a otro compañero que casualmente se había presentado en la casa de Zambano a pedirle apuntes de estudio.
 
-Está demasiado tranquilo éste -le oyó decir Gilbert sobre sí mismo a uno de los integrantes del grupo de tareas-. Vamos a ver si se le ablanda un poco la memoria.
 
Al otro día, el testigo fue trasladado a “un lugar distante, recorrido por calles pavimentadas”, que se trataría del Destacamento de Arana, donde fue alojado en una celda y sometido a sesiones de picana eléctrica en otra habitación en la que había un camastro, al que lo ataron desnudo. “El interrogatorio no consistió en mi actividad, sino en a quiénes conocía del ámbito de la militancia, porque había militado en los barrios, hasta el ‘75”, aseguró. Y continuó: “La tortura era continua, porque no se sabía cuándo iba a ser la segunda vez, que de hecho no la hubo; pero a la tortura interior la seguí padeciendo”.
 
Días después, contó el ex detenido, lo llevaron nuevamente  a la Brigada de Investigaciones, de donde finalmente fue liberado, tras permanecer más de veinte días cautivo. “Me sentía morir, internamente sentía eso”, sintetizó el testigo sobre el calvario que le tocó vivir.
 
La audiencia continuó pasadas las 16, con los testimonios de los hermanos Iaccarino, Carlos y Alejandro, quienes relataron su secuestro junto a su hermano Rodolfo, el desapoderamiento de sus empresas durante la última dictadura cívico-militar y su cautiverio en el Centro de Operaciones Tácticas Nº 1 de Martínez.


Fuente: Secretaría de Prensa y Difusión – APDH La Plata

 

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